El Estado de
Bienestar es un conjunto institucional que está compuesto por diversas
entidades que tiene como objetivo el pleno empleo, la seguridad económica y la
disminución de las desigualdades, y para ello tiene como herramientas los
servicios sociales, las transferencias monetarias y una política fiscal que
posibilita dichas transferencias y dichos servicios.
Con respecto
a la crisis, hay que partir de la premisa que la actual no es la primera crisis
que ha perjudicado a los Estados de Bienestar, durante los años ochenta hasta
la década del 2000 comienzan a ocurrir con más frecuencia episodios de
inestabilidad financiera que afectaron a una gran cantidad de países. Sin
embargo, la crisis económica actual tiene tales dimensiones que apenas es
comparable con las precedentes. En el caso de los países que conforman la zona
euro, con el fin de paliar las consecuencias de la crisis, se tomaron medidas
que afectaron de manera significativa al Estado de Bienestar, como las reformas
de pensiones, de los sistemas sanitarios y racionalización de la protección
social que lo hicieron de manera directa,, el aumento de los impuestos de
consumo que lo hizo de manera indirecta mediante la base de la financiación y
los recortes de salarios y reformas laborales mediante la precarización del
empleo que afectan a los sistemas de protección social.
Por otro
lado, el Estado de Bienestar en Europa se está encontrando con dificultades a
nivel demográfico, económico, financiero y político. Además, desde diferentes perspectivas
siempre se ha considerado que este modelo de Estado es poco eficiente y excesivamente
costoso de mantener a largo plazo ya que requiere una gran inversión económica.
En relación
con los servicios sociales, esta crisis económica afecta de manera que han
empeorado las condiciones de trabajo resultado de las reformas laborales
aprobadas y los recortes que tienen lugar en los servicios públicos. Estas
políticas de austeridad lo que están provocando es que se hagan más notables
las desigualdades sociales ya que aumenta el número de personas que está en
paro o el sueldo que recibe es excesivamente bajo. Esto ha hecho más notables
las carencias que ya existían a nivel de servicios sociales y las ha empeorado,
ya que tienen que hacer cargo de nuevas necesidades que serían propias de otras
áreas, como los comedores escolares que serían competencia de Educación o
ayudas alimentarias que se sustentan de los bancos de alimentos de los cuales
antes se encargaban otras entidades (iglesias, parroquias) pero que de los hoy
en día tienen que hacer cargo los servicios sociales.
Por otro
lado, los servicios sociales están viviendo, además de una excesiva carga de
trabajo, una enorme falta de recursos humanos. Los despidos que tienen lugar en
este ámbito provocan que falte “mano de obra”, por lo que se produce una
sobrecarga de trabajo que no permite atender a las diversas problemáticas de
forma eficaz.
En la
actualidad, los déficits de los servicios sociales son totalmente evidentes, el
número de personas en situación de emergencia social cada vez es mayor y los
servicios sociales tienen que abarcar cada vez más problemáticas. Además, en el
Estado de Bienestar, a pesar de estar incluidos, los servicios sociales nunca
han sido considerados uno de los sistemas principales. Dicho de otra manera,
debido a la situación económica, ha aumentado el número de personas que reciben
prestaciones y se han reducido las contribuciones económicas para la política
social, lo que ha conllevado que las políticas de austeridad se acentúen y
recortes en derechos sociales.
En
conclusión, es más que evidente que el Estado de Bienestar es un modelo que
ofrece libertad de oportunidades y que ha supuesto la mejora en el bienestar de
los ciudadanos, sin embargo es necesario que el estado se adecue al contexto
económico de manera que sea capaz de mantenerse, ya que las condiciones
sociales y económicas de la época actual no son las mismas que las condiciones
que había en su origen y son factores que tiene que tenerse en cuenta.